(Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.)
(Es un hombre o una piedra o un árbol el que va a comenzar el canto...)
Y era un estremecimiento suavemente trepidante (lo digo para aleccionar
a la que extravió en mí su musicalidad y trepida con más disonancia que
un caballo azuzado por una antorcha en las arenas de un país
extranjero).